Reflexiones sobre la Vejez

Reflexiones sobre la vejezDebemos tener en cuenta que empezamos a envejecer cuando nacemos y que, por muchos avances que hayamos hecho y descubrimientos que hayamos conseguido,la vacuna antienvejecimiento aún no existe. Hay algunas sustancias que pueden mejorar la calidad de vida; lo principal es llevar una vida muy equilibrada en alimentación, cuerpo y mente.

La prolongación de la vida y la existencia de un creciente número de ancianos, exige que cada individuo y la sociedad en general, adoptemos una nueva perspectiva de vida, ya que deberán incluirse nuevos ciclos vitales que anteriormente se desconocían.

Es decir, la sociedad y nosotros mismos tenemos que aprender a envejecer. Para la sociedad, significa cambiar la percepción cultural de las personas, especialmente de los propios ancianos.

Para la propia persona afectada, significa potenciar sus capacidades y aceptar sus limitaciones.

La medicina, la tecnología, la ciencia en general, han conseguido alargar la esperanza de vida en muchos años y esos años son para vivirlos, no para estar esperando el final.

La actitud correcta frente a la Vejez

Hoy, aprender a envejecer, para la persona significa absorber apresuradamente lo que puede ofrecer la vida en la vejez, aceptar las limitaciones biológicas normales y potenciar la experiencia acumulada a lo largo de la vida.

Sin embargo, aún hoy en el presente y sobre todo pensando en el futuro, lo fundamental es que el ser humano cambie su perspectiva de la vida y entonces el significado de aprender a envejecer es realmente “aprender a vivir” las distintas etapas.

Uno de los aspectos importantes de la formación de la persona es el aprendizaje de actitudes que expresan los valores que ennoblecen a la cultura. Las actitudes del individuo y de la sociedad con respecto a la persona mayor, son parte del aprendizaje de valores. Sabemos que las actitudes se aprenden por socialización, primero en el entorno inmediato, la familia, al que añadimos después la escuela y la sociedad. “La familia es un importante punto de partida”.

Concretando un poco más, hay un período que empieza alrededor de los 60 años y que en la actualidad llamamos de muy diferentes maneras, Tercera Edad, cuarta edad, personas mayores, ancianos, etc. “en realidad empieza la edad denominada Vejez”. Esta nomenclatura en ningún caso es peyorativa, como algunos quieren creer. Muy al contrario, es un período importante en la vida por su propia naturaleza. En la sociedad actual, donde existe un nivel de bienestar relativamente confortable, este período puede llegar a abarcar hasta 40 años.

Cuando pensamos en esas personas las imaginamos más necesitadas de cuidados, por su supuesta dependencia y fragilidad, pero eso realmente solo pasa en un porcentaje que no sobrepasa el 20%; el resto no llegará nunca a casos extremos, se mantendrá en un grado medio o alto.

Aunque ha variado un poco el estatus jerárquico de la sociedad, muchos pueblos aún veneran, admiran y recompensan con gran prestigio la edad y, con ello, los conocimientos que se supone han alcanzado con la experiencia y el tiempo.

El envejecimiento es inevitable, pero según se viva la vida, este puede aparecer antes o retrasarse en el tiempo. El organismo de desgasta, aunque las condiciones de vida sean óptimas. Esto sucede gradualmente desde la juventud y la madurez, hasta llegar a la vejez.

Los hombres por término medio viven menos tiempo que las mujeres.

El cuerpo físico sufre cambios importantes en los últimos años, solo con mirarnos al espejo nos damos cuenta de ello. Las deficiencias sensoriales son frecuentes y esto los hace ser suspicaces frente a situaciones de la vida cotidiana. El sistema inmunológico se debilita y esto les hace más propensos a ciertas enfermedades o infecciones.

La juventud ve esta etapa de la vida como un estado de existencia marginal. Probablemente la forma de pensar, la forma de vivir y la educación influyen en ello. Si no hay unos sólidos valores de respeto hacia los más inmediatos superiores, menos existen hacia los viejos. Falsas creencias por miedo a perder la energía, el control, la agilidad, la memoria, la sexualidad y algunos creen que hasta la inteligencia hacen que los jóvenes los vean diferentes.

Hay una parte de esa juventud inexperta, muchos incapaces de resolver ciertos problemas que para esas personas mayores que lo han vivido como experiencia continuada en su vida no representa mayor dificultad de solución.

Hemos de ser conscientes que una vida saludable llevada con más o menor rigor, una disciplina sana, unas costumbres saludables, en resumen alimentación, cuerpo y mente equilibrados van a hacer que el paso de la vida sea más aceptado y reconocido como algo natural, cosa que realmente ya lo es, lo que no es natural son otros enfoques que queremos darles para justificar ciertas actitudes.

Vejez y actividad

Cada vez es mayor la población que es anciana, hasta el punto que en pocos años superaran a la juventud. Hay estudios realizados entre la población que han puesto de relieve que las actitudes hacia los ancianos son contradictorias y ambivalentes. Se les considera sabios a la vez que viejos; amables, pero también gruñones; preocupados por los de su alrededor, pero también inactivos y antisociales.

Sin embargo, pasan a desempeñar actividades que no son consideradas económicamente productivas: ayuda a familiares, servicios de voluntariado y otras. Hoy en día ya se dan bastantes casos de gente jubilada con 65 años que cuidan a sus padres o familiares de 85 o más años. Son dos generaciones distintas que se encuentran en la misma etapa de la vida, pero  se dice  que contribuyen al incremento del gasto social.

Aunque se reducen en parte sus ingresos, en las sociedades más industrializadas y dependiendo de determinadas zonas geográficas, disponen de los suficientes recursos para disfrutar del tiempo libre.

Al acceder a la jubilación, algunas de esas personas pasan a realizar actividades más bien de carácter pasivo, pero ciertos grupos necesitan organizar su tiempo y hacer cosas que les hagan sentirse necesarias y más útiles, manteniendo unas actitudes que les permiten seguir las pautas de sus características personales mantenidas hasta ahora.

Las actividades organizadas para esas personas son fomentadas desde diferentes estamentos con el fin de fomentar y mejorar la salud, el bienestar y las relaciones sociales así como la propia integración social, estas personas han de poder elegir actividades que les hagan sentirse bien y escoger las entidades o asociaciones en las que se encuentren a gusto y realizadas.

Etapas de la Vejez

Podemos hacer una agrupación en períodos aproximados de 10 años para observar sus comportamientos y adaptaciones a esta etapa de la vida.

La primera década de la vejez puede observarse como de adaptación, cambian los roles de la vida, la actividad de un trabajo rutinario, muchas veces con horarios estrictos a una menor actividad de horas de trabajo fijo y también disminución de las horas activas.

Hay un factor que les afecta en gran medida y es la pérdida de algunos compañeros o seres queridos. Esto les desmoraliza y a veces puede llegar a romper su fortaleza psíquica. Algunos prefieren eludir la jubilación, otros pasan a desempeñar plenamente el papel de abuelos. También se reducen sus ingresos.

En la segunda década, alrededor de los 70 años, ya se afirman plenamente en lo que en la anterior década se empezó a fraguar. Es muy importante no dejar de cuidar la alimentación, el cuerpo y la mente, obviamente en proporción a la edad. Si no, empiezan a aparecer enfermedades. Se reduce su mundo social y han de adaptarse a una menor participación en la vida cotidiana. Muchas veces se produce la pérdida de la pareja y, con ello, también disminuye la actividad sexual. Es frecuente encontrarse con personas que han superado ataques cardíacos o cáncer , etc. Esto se debe a una mejor y mayor atención médica.

En la siguiente década, expertos comentan que empieza cuando se comienza a vivir de los recuerdos. Les cuesta más adaptarse y convivir en su ambiente. Empiezan a buscar ayuda para mantener los contactos sociales y culturales. Pierden fortaleza física pero no significa discapacidad ni dependencia total. Solo una cuarta parte vive en residencias; el resto lo hacen solos o con familiares.

Los que sobrepasan los 90 años, tienen más problemas de salud y las enfermedades son más graves. Dependiendo de cómo han vivido las décadas anteriores, será una etapa más alegre, serena y gratificante.

En la actualidad, es un hecho constatado que la prolongación de la vida de personas discapacitadas o con minusvalías físicas y psíquicas hace que muchas sean cuidadas por sus padres. Ellos, cuando llegan a la vejez, continúan con esa tarea de cuidadores, no reconocida socialmente, para la cual reciben poca ayuda, incluso de los familiares más cercanos. Su principal preocupación es el futuro de sus hijos a su muerte. Su lucha ante las instituciones solo ha recibido mínima respuesta por la insistencia de la misma. No ha habido ni continuidad ni apoyo oficial en mantener un mínimo de garantías o ayudas.

En oriente se compara esta edad con la “fruta madura”, ya que en ella se observan los resultados de lo sembrado durante la vida y se pueden evaluar las acciones positivas y negativas de cada uno.

No dejemos que nos invada la idea de una etapa sombría o negativa; aceptemos plenamente esta etapa e incluyamos, apoyemos y comprendamos a esas personas ayudándolas a integrarse en la colectividad.

Quien rechaza la vejez, no es consciente que a el también le llegará esta etapa y se verá postergado al igual que hizo con los otros.

Pautas para reflexionar sobre la Vejez

Detallo 10 pautas que nos pueden ayudar en la Educación para el Envejecimiento:

1) Brindar información para una mejor comprensión del proceso de envejecimiento y de los cambios y transformaciones que ello implica.

2) Posibilitar un conocimiento de las potencialidades de aprendizaje de que se dispone, tomando como lema el que se puede aprender durante todo la vida”.

3) Favorecer a través de la información obtenida, la manera de eliminar los prejuicios, mitos e ideas erróneas acerca de la vejez que están instalados en el imaginario social.

4) Ayudar a hacerse cargo del tiempo libre del que se dispone, abriéndose a actividades corporales, intelectuales, recreativas, sociales, que tengan como fin el esparcimiento, el placer, el desarrollo intelectual, el goce que da una tarea libremente elegida y ejercida por y para la persona.

5) Aportar elementos para una mejor adaptación a un mundo tan cambiante y al uso de los instrumentos que la tecnología impone para no quedar marginados e insertarse de la mejor manera posible en la sociedad.

6) Auspiciar programas de preparación para la jubilación y la nueva manera de participación en la comunidad una vez alejados de la mal llamada “vida activa” término surgido del área de la producción .

7) Promover la salud a través de conocer la forma que debe tomar la prevención, el auto-cuidado, el mantenimiento y preservación de la autonomía.

8) Proporcionar datos y recursos para la adquisición de buenos hábitos de vida evitando o retardando el mal envejecer.

9) Dar a conocer los conceptos acerca del envejecimiento sobre el resto de la sociedad, niños, jóvenes, adultos para lograr una mejor intercomunicación generacional, ya que al alargarse la esperanza de vida se produce un fenómeno inédito o poco frecuente hasta ahora como es la coexistencia de varias generaciones de una familia.

10) Apoyar con estos elementos la formación de un nuevo modelo de atención, basado en la actividad, el disfrute del tiempo libre y el aporte de la experiencia de vida a las nuevas generaciones.

Para llegar al corazón de la Vejez

Era una mañana ajetreada, eran las 8:30 cuando un señor mayor, de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 de la mañana.

Comprobaron sus constantes vitales y se le pidió que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo.

Lo vi mirando su reloj y decidí que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado; entonces le pedí a uno de los doctores algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.

Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan preocupado.

El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.

Él me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí, ya que padecía de Alzheimer.

Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.

Me respondió que hacía tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que  no podía reconocerlo.

Me sorprendió, y entonces le pregunté: ‘¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?‘.

El sonrió y me acarició la mano.

Ella no sabe quién soy, pero yo aún sé quién es ella”.

Reflexionemos todos. Muchos vamos a llegar, pero ¿cómo queremos llegar?

JOSEP MASDEU BRUFAL

Naturópata

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