Las Mentiras y porque las decimos

Mentir de forma habitual nos puede parecer algo no correcto, pero, engañar “un poco” y ofrecer una imagen propia encubierta, se considera hasta normal. Mentir es una hecho más de la vida.Expresar nuestras emociones

Mentir no lo hacemos solo las personas. La biología nos muestra que la mentira es una práctica común también en la naturaleza, las plantas y los animales utilizan la mentira, el engaño y la simulación para sobrevivir.

Las mentiras son creativas y tienen tantas formas como nuestra imaginación les consiente. Muchas veces son inofensivas, pero otras son muy dañinas y aunque son mal consideradas, son tan relegadas como utilizadas. Forman parte de nuestras relaciones con los demás en ambientes privados o públicos. Afectan al amor y a la amistad y no se escapan de ellas el dinero ni la política.

Mentimos en el 20% de las conversaciones de más de 10 minutos. Para algunas personas, son prácticas normales, porque son un buen  medicamento contra la dura realidad. Pero su forma tramposa puede ser comprometida porque puede volverse en nuestra contra. Desde niños nos enseñan a hacerlo y como no, lo aprendemos fácilmente, rápidamente, vemos como nuestros progenitores mienten y como esas mentiras no tienen resultados ni castigos, la costumbre de mentir se ve como una manera tolerable de actuar.

Porque decimos mentiras

Muchas son las causas por las que mentimos, pero todas se fundamentan en un procedimiento común, queremos evitar mostrar la verdad.

Muchas de las mentiras que utilizamos más corrientemente suelen ser  falsas excusas para justificarnos de por qué llegamos tarde o dejamos pendientes algunas actuaciones, para no descubrir a una persona ante otras por una acción desafortunada, o también para exagerar los éxitos y talentos propios “adornándolos” con pequeños engaños.

Pero esto, se puede convertir en problema si este hábito lo convertimos  en costumbre y lo usamos reiteradamente, pudiendo llegar a tener efectos perjudiciales para nuestra salud.

Los niños acostumbran a mentir para proteger a otras personas, para mantener una promesa o porque tienen miedo de las consecuencias, todos son porqués emocionales.

Hay estudios que dicen que las mujeres mienten más para proteger los sentimientos de los demás, mientras que los hombres lo hacemos para mejorar nuestra imagen.

Para ocultar una emoción, la que sea, podemos inventarnos una emoción falsa. La más utilizada es la sonrisa que actúa como lo contrario de todas las emociones creativas: temor, ira, desazón, disgusto, etc.

También parece ser que mentimos más cuando actuamos muy rápido y con poco tiempo para pensar. Si tenemos más tiempo para deliberar, decimos menos mentiras al hablar y somos reacios a hacerlo.

Como he mencionado a lo largo del artículo, mentir es una práctica habitual y muchas de ellas no tienen mayor importancia. El problema aparece cuando acosados por nuestra inseguridad y el miedo a ser rechazados y a como somos, ocultamos la realidad como más nos interesa. Es una idea atractiva y la forma más rápida para sentirnos aceptados.

Empezamos mintiendo por algo pequeño, sin importancia. Pero poco a poco, las mentiras nos dominan nos subordinamos a ellas. No somos conscientes, que son fruto de nuestra propia imaginación y  llega un momento en que nos desbordan y su magia desaparece, al igual que la confianza que los demás han depositado en nosotros, destruyendo por completo nuestra credibilidad.

Unos investigadores estadounidenses han manifestado que los mentirosos que lo hacen por costumbre tienen en el lóbulo frontal del cerebro más sustancia blanca que sustancia gris.

Parece ser que el cuento de Pinocho, tiene su razón de ser, porque al mentir la temperatura de la punta de su nariz aumenta o disminuye, poniéndose más o menos roja. Hay expresiones del rostro que evidencian la mentira. El motivo de que muchas personas no puedan detectar las mentiras en la cara del que las dice, es porque no sabemos cómo separar lo verdadero de lo falso.

Las mentiras y nuestra salud

Decir la verdad puede mejorar nuestra salud física y mental, según un estudio, en el que se pedía a unas personas sometidas a este estudio, que dijeran menos mentiras, pasadas unas semanas, su salud había mejorado notablemente.

Por lo general el mentiroso prefiere ocultar a falsear y esto es porque ocultar parece menos reprochable. Aunque en ambos casos las personas que las reciben resultan igualmente perjudicadas.

El lenguaje ambiguo, los rodeos, las pausas, las repeticiones de palabras y otros fallos realizados al hablar, pueden indicar que quien  habla no presta la suficiente atención a lo que dice.

Además de la clásica y conocida mentira de la que he escrito hasta ahora, nuestra idolatría va más allá, también mentimos en otras  formas no verbales, nos maquillamos, disfrazamos el cabello con postizos, utilizamos cirugía cosmética, ropa y otros adornos y perfumes, para ocultar nuestra apariencia y nuestro olor corporal. Lloramos lágrimas falsas, fingimos orgasmos y decimos frases imaginarias, etc. y es que la mentira verbal es sólo una de las muchas formas de mentir.

JOSEP MASDEU BRUFAL

Naturópata

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