Afrontar los Conflictos

El conflicto en general forma parte de la vida, ya sea en el trabajo, en la familia o en las relaciones de amistad. Los seres humanos somos complejos y tendemos al conflicto. Suele creerse que el conflicto es siempre negativo, pero esto no es del todo cierto.

Una característica fundamental que diferencia al hombre de las otras especies animales es que, entre su nacimiento y el logro de su plena madurez, debe transcurrir un largo período de crecimiento y aprendizaje.

Afrontar los conflictos

Los jóvenes no respetan a los adultos ni a sus profesores; las personas ya no respetan a las instituciones, y así sucesivamente. Pero  es debido en gran medida a que la autoridad (padres, profesores, guías religiosos y otros) no sabe qué es la autoridad; en otras palabras, no saben qué se hace con el poder que poseen, ni cuáles son sus límites.

Los conflictos son inevitables. A pesar de ello, el conflicto puede actuar como una fuerza positiva o negativa, de modo que no debemos  esforzarnos en que desaparezcan, sino eliminar los que afectan negativamente a los esfuerzos que dedicamos para alcanzar los objetivos. Por tanto, el problema no parece radicar en el conflicto, sino en la forma de manejarlo.

Los Conflictos durante la Adolescencia

La adolescencia es una etapa de la vida difícil en la que se padece una crisis de crecimiento en todos los aspectos. Con frecuencia padres e hijos se ven obligados a rediseñar su propia vida y a adaptarse a las nuevas relaciones que provocan estos cambios de sus hijos adolescentes. Tanto padres como hijos difieren en la manera de concebir sus relaciones.

El niño, y más en particular el adolescente, tiende a oponerse a las exigencias de los padres o los profesores, y ésta actitud de oposición puede comprenderse como un deseo de afirmación, de llegar a la autonomía.

Siguiendo un resumen realizado por Coleman (1979), podemos decir:

Que nada parece indicar que los adolescentes tengan más crisis personales que los niños de 10 años o los adultos.

Por lo que respecta a los conflictos generacionales, una buena cantidad de adolescentes no muestra opiniones muy discrepantes de las de sus padres en materia política, religiosa o de costumbres, y no tienen demasiados problemas para conseguir su autonomía.

No parece que en este período se de una crisis de identidad con mayor facilidad y frecuencia que en otros, aunque existan problemas reales de autoimagen.

El rechazo a la autoridad conlleva un problema significativo si con los padres, igual que con los profesores o los compañeros, perturba claramente las relaciones interpersonales.

Las disputas familiares se centran principalmente en asuntos menores de la vida cotidiana.

Los conflictos más frecuentes se presentan a raíz de los hábitos de vida: vestimenta, aspecto físico, horario de salidas, etc.

Aparecen después los conflictos derivados de la vida escolar: notas bajas, deberes que hacer, exámenes por preparar, frecuencia escolar.

Los conflictos menos frecuentes giran alrededor de los valores morales.

Los obstáculos aparecen en las reglas de la familia, en las metas y objetivos de la familia, en la definición de los roles de cada miembro, en la comunicación, en la historia familiar y en la intimidad de cada uno.

Cómo afrontar los Conflictos

El conflicto puede ser positivo siempre que tenga una base real y se mantenga dentro de ciertos cauces. Hay que aprender a gestionarlo.

No es menos cierto que los conflictos no se pueden evitar en la mayoría de las situaciones. Pero debemos estar preparados para afrontarlos.

Discrepar es bueno si lleva a mejores puntos de unión, y para esto hay que buscar vías de acuerdo constructivas, que permitan resolver la situación en el plano racional, sin llegar a dañar el emocional.

El colaborar y el comprometerse son los modos evolutivamente más maduros de resolver problemas en la adolescencia y que se encuentran asociados con un funcionamiento familiar más saludable

Los pasos básicos a seguir para un acuerdo constructivo son:

Comunicar constructivamente las diferencias y los sentimientos.

Abrir un espacio entre lo deseable y lo aceptable, para encontrar una zona de acuerdo. No se trata de caer en la conformidad, sino de encontrar un terreno común de aceptabilidad. Si no se logra encontrarlo, ha de pasarse a la negociación.

 Negociar, que consiste en buscar conjuntamente acuerdos a través de cesiones mutuas.

En la realidad familiar, desde el punto de vista educativo, nos encontramos con tres tipos de familias:

Familias colaboradoras. Son las que están en contacto frecuente con la escuela. Acuden a las reuniones habitualmente, piden citas al tutor y se preocupan por los estudios de sus hijos. Mantienen una actitud constructiva y de colaboración.

Familias ausentes. No suelen ir a reuniones ni se entrevistan con el tutor o profesores de su hijo. Sólo acuden cuando son citados o aparece un problema concreto, y no siempre. Suelen argumentar falta de tiempo e imposibilidad de controlar a su hijo. Pueden colaborar puntualmente si hay problemas de gravedad.

Familias hostiles. No aparecen por la escuela salvo si es para protestar por algún motivo, o para dar la razón a su hijo en algún problema que se haya presentado. Mantienen una actitud negativa, son críticos destructivos hacia el funcionamiento del centro, de la clase o de los profesores, a veces se comportan con sus hijos de forma muy permisiva o muy autoritaria y agresiva.

Consejos para vivir sin Conflictos

Algunos factores que infuyen y hemos de tener en cuenta para mantener un estadio confortable y que permita la plena comunicación y relación son:

  • La casa en la que vive la familia

La limpieza, el orden y el mantenimiento son tareas importantes que se pueden realizar de común acuerdo asi como la asignación de tareas, procurando que estas no carguen las relaciones entre los miembros.

  • Expresar las opiniones y dejar que los hijos también se expresen.
  • Ser coherente, para que nuestro actuar y pensar se complementen.
  • Ser paciente, ayuda a la tolerancia y el respeto por los demás.
  • Demostrar nuestro cariño por los demás con nuestra actitud.
  • Alabar cuando algún miembro de la familia se destaque.
  • Acostumbrarse a pedir perdón por los errores.
  • Mantener conversaciones familiares y tiempo de convivencia sistemática.
  • Escuchar siempre con atención
  • Crear situaciones de diversión familiar.
  • Mantener valores y reglas claras que no lleven a confusiones y sean respetadas por todos.

Hay que atreverse a resolver también la parte emocional y no caer en la opción más fácil, que es la de la conformidad.

Sería emocionalmente constructivo pronunciar frases como “lo siento”, “perdóname”, “no te preocupes”, “te perdono”,  o simplemente “gracias”. Por el contrario, recurrir a respuestas como “no es mi culpa”, “me la vas a pagar” o “ya era hora de que te dieras cuenta”, es emocionalmente destructivo.

A modo de resumen el conflicto forma parte de nuestras vidas y, puesto que no siempre puede evitarse, hemos de intentar gestionarlo adecuadamente para que acabe desembocando en un nuevo acuerdo.

Si no queremos pelear por una solución, entonces nos agrada la situación en la que nos encontramos más que la solución que prevemos. Si estamos dispuestos a luchar por una solución, es porque creemos que será mejor que permanecer como estamos, pero si no somos masoquistas, entonces debemos ser, necesariamente, ignorantes, aunque sea en el hecho de que no sabemos que podemos estar mejor.

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1 Comentario
  • [...] campo en el cual nos podemos encontrar con “conflictos personales” es en el mundo de pareja. La mayoría de la veces se producen por “problemas de [...]

    • [...] ser entendida como un PROGRAMA BIOLÓGICO ESPECÍFICO DE LA NATURALEZA, creado para solucionar un conflicto orgánico [...]

      • 2013.03.27 18:35, clarinda dice:

        En la edad de la adolecencia es cuando hay mas conflictos creo de padres a hijos y al revez, con los profesores etc, como que es un cambio que estan teniendo de la niñez a la adultez. Y es muy importante que los padres esten ahi apoyandolos siempre.

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